Extracto del libro «El arte de la Guerra contra Ojetes»
Hace ya muchos años, ví una película de Kevin
Costner sobre béisbol. El nombre de la película en inglés es
Bull Durham y, aunque sólo la vi una vez, hay una frase que
me marcó muchísimo y ha hecho mella en mi vida:
«Full many a flower is born to blush unseen»
«Muchas flores nacen para sonrojarse sin ser vistas».
La frase completa en realidad es: «Full many a flower is
born to blush unseen, and waste its sweetness on the desert
air».
«Muchas flores nacen para sonrojarse sin ser
vistas y gastar su dulzura en el aire del desierto».
Es parte de Elegía escrita en un cementerio local y fue
escrita por Thomas Gray.
Creo que lo que esta frase quiere decir es que hay
hombres con talentos impresionantes a los que jamás
veremos en acción o serán reconocidos.
Esta es una de las frases más duras y crueles que he
escuchado. En Bull Durham, la gran Susan Sarandon se
refería al talento del personaje de Kevin Costner, un tipo con
un gran talento natural para el béisbol al que las
circunstancias jamás le favorecieron, y quien al parecer
estaba destinado a ser algo grande que jamás llegaría a ser
algo estelar; su papel era el de lograr que otros talentos
brillaran mientras él se quedaba en un solo lugar.
En otras palabras, el personaje de Kevin Costner era
el de un mediocre talentoso al que la vida y la suerte jamás
le sonreían. En mi tiempo como empleado, empresario y
trabajador independiente conocí a muchos así.
Escenario 1: Juan es un diseñador gráfico excelente,
pero no tiene las habilidades para darse a notar. Su andar es
torpe y no es agraciado. Sin importar lo poco atractivo que
sea, no tiene gracia, no tiene conversación, no es un tipo
interesante. Pero lo más grave de todo es que se congratula
por ello: cree que las personas deben buscarlo por su talento.
Es como uno de esos millones de jóvenes que creen
que su apariencia o su encanto no importa, pues cree que los
demás están obligados a notarlo por sus talentos. Conocí a
cientos como él durante el tiempo en el que trabajé
reclutando personal para empresas.
«No les debería importar si no uso traje o si uso
rastas, no trabajo con el pelo, trabajo con mis
conocimientos».
Ese tipo de personas son material para ser abusados
laboralmente. Muy en el fondo, Juan es débil para hacerse
notar; no tiene carisma para convencer, vender ideas,
transmitir emociones, habilidades que son indispensables
para ganarse el corazón de los que pagan, de los que
recompensan.
Existen hombres con talento natural para engatusar,
para manipular y hacerle creer a Juan que es “parte del
equipo”.
Tal es el caso de su jefe, Iker, que es el tipo de jefe
que busca candidatos para hacer su trabajo y llevarse el
reconocimiento. Iker tiene una habilidad natural para
convencer a Juan de hacer trabajos grandiosos y propuestas
revolucionarias y presentarlas a sus superiores mencionando
a Juan en las últimas palabras, esas que quedan opacadas por
los aplausos para una propuesta tan novedosa, propuesta del
“talentoso” Iker.
Los jefes de Iker ni siquiera conocen a Juan. De
hecho, en la empresa pocos conocen a Juan, el artífice de la
nueva campaña que ha superado con creces las expectativas
de crecimiento semestral. Pero todos conocen al imparable
ejecutivo Iker, al que todo mundo adjudica el éxito de dicha
novedosa y revolucionaria campaña.
Por supuesto, Iker trata de aclarar que el éxito de la
campaña se la debe a su equipo. Curiosamente, jamás
mencionará a Juan, sólo se refiere a él como parte de su
equipo; trata de mencionar que él sólo “dirigió” al equipo, y
que éste es el verdadero responsable de la gran propuesta
revolucionaria. Y él es alguien tan agradable que no podrías
reclamarle que no te dio el crédito. Otra cosa importante es
que Iker es muy bueno con Juan, trata de hacer que se sienta
a gusto e indispensable en el equipo, pero Iker preferiría
amputarse un brazo con un cuchillo sin filo antes de darle
reconocimiento a Juan.
La razón es sencilla. Si lo hace de forma abierta,
quedarán al descubierto dos cosas.
- No puede hacer una propuesta o campaña, que es
para lo que le pagan. - Hay alguien en su equipo con más talento que él y
tal vez es hora de que algún alto ejecutivo tome cartas en el
asunto.
Iker sabe todo esto, lo ha pensado y él cree que es
mejor mantener la cosas como están, que Juan no podría con
la responsabilidad y genuinamente piensa que es mejor
mantener a Juan como “parte del equipo”.
Iker sabe bien cómo mantener a raya a Juan. No lo
explota abiertamente, de hecho, lo premia, lo motiva y lo
incentiva. Obvio, lo hace con migajas y elogios que no
alcanzarían para costear el auto que Iker se acaba de
comprar.
Es posible que Juan sea feliz así. Créanme, he
conocido personas que son en verdad talentosas y
productivas que detestan la atención y los aplausos. Pero
desdeñar todo ello también puede significar despreciar algo
más valioso: el dinero y el crecimiento laboral.
Escenario 2: Paulina es una excelente contadora. Es eficiente
y trabajadora. Pero no le gusta soportar mierda de nadie. En
el primer momento que su jefa trató de hacerla quedar en
segundo lugar y de hacer pasar una idea de Paulina como
suya, Paulina se presentó con sus superiores, les contó la
verdad y ellos la apaciguaron diciéndole que tomarían cartas
en el asunto. Por desgracia, la jefa de Paulina estaba muy
bien relacionada con Recursos Humanos, a quien contó su
versión de los hechos. Un mes después, Paulina fue
despedida por «disminución en el performance de
rendimiento».
Durante su último mes, Paulina era obligada a hacer
trabajos con muy poco tiempo de antelación. Paulina
trabajaba incluso fuera del horario laboral para poder
cumplir con las imposibles fechas de entrega. El ambiente
en su trabajo se tornó insoportable y estuvo a punto de
renunciar. Sin embargo, aguantó sin hacerlo, pensó que
podría vencer al sistema si cumplía con las tareas, pero su
suerte ya estaba echada y la decisión de «tronar a alguien tan
conflictivo» ya estaba tomada.
De hecho, en el momento en el que Paulina se
presentó indignada con la jefa de su jefa y el personal de
Recursos Humanos para reclamar el actuar de su superior
había cavado su propia tumba, un mes antes de su despido.
Cuando leemos estos dos casos, podríamos creer que
no hay nada que hacer y que los que tienen más poder nos
manejan a su antojo. Pero no te des por vencido, cuando eres
inteligente y no te dejas llevar por tus emociones puedes
lograr mucho más de lo que crees. Todo tiene que ver con
distintos factores que muchísimos jóvenes no desean
contemplar: paciencia, oportunidad, timing y, sobre todo, un
contundente argumento.
Sun Tzu sostiene en El arte de la Guerra que no deberías
entrar en combate frontal cuando las circunstancias, el clima,
el terreno y otras variables no te favorecen. De hecho, jamás
deberías entrar en combate frontal contra enemigos muy
poderosos, aquellos que tienen mejor arsenal, mejores
caballos y más recursos a su disposición.
En estos casos, en los que se te ha relegado a ser «una bella
flor que jamás será vista florecer» debes hacer acopio de
todos los elementos a tu disposición y arriesgarte a la guerra
de guerrillas.
La guerra de guerrillas es un recurso que se utiliza
cuando eres alguien pequeño, alguien que no tiene tanto
poder, enfrentándose a su Goliat. En la historia, David tuvo
suerte y logró atinarle una certera piedra de su honda al
campeón de los filisteos. Pero es una excepción. En el
mundo real, un enemigo poderoso puede ser debilitado,
aniquilado y sometido con estrategias y ataques pequeños y
coordinados, algo que debilite la moral de su tropa y que
desgaste el ánimo de seguir atacando a un enemigo que de
tan pequeño que es se vuelve invisible e imposible de atacar
abiertamente. Ejemplos abundan, pero dos se me vienen a la
cabeza de forma inmediata: Vietnam y algunas
organizaciones terroristas modernas.
Vietnam entró en guerra contra Estados Unidos.
Estos confiaban en su poderío, pero fueron derrotados. Las
estrategias de sus “insignificantes enemigos” se
relacionaban con ataques que parecían pequeños para la gran
potencia, pero que fueron mermando el ánimo de su tropa al
enfrentarse a un grupo de campesinos que desaparecían en
túneles en la selva y hacían considerables daños a pelotones
que se encontraban distraídos. Los terroristas islámicos
utilizan tácticas similares: compartimentar y generar terror,
atacando objetivos de forma inesperada y ocultándose en
montañas inaccesibles.
En un mundo sin guerra, sin terroristas o soldados en la
selva, los elementos para entrar en la guerra de guerrillas son
diferentes.
La manipulación, el chisme, el rumor y el sabotaje, el
elemento sorpresa y los ataques velados y solapados.
Elementos que en manos poco experimentadas le harán más
daño al guerrillero que a su contrincante, por lo que es
importante dominarlos y entenderlos.
Es importante saber y comprender cómo funciona la
psique y el comportamiento humano; entender el concepto
de percepción y tener en cuenta lo que la gente ve en
nosotros, lo que escogemos que vean los demás en nosotros
y utilizarlo a nuestro favor. Algunas personas dominan todo
esto de manera inconsciente: de alguna forma esta
información ha llegado a su mente, tal vez aprendida por la
imitación, la intuición y el prueba y error que han
experimentado en su vida diaria.
Cuando has decidido que nada de esto es para ti y que
no entrarás al “juego de la manipulación”, de inmediato te
descartas del juego mayor y permites que otros jueguen por
ti, quienes apuestan a cosas que realmente te afectan, como
tu futuro laboral, por ejemplo. Al despreciar todo esto, crees
que no serás parte de lo que hacen los demás para ser
relevantes y triunfar y decides permanecer “puro”; sigues
empecinado en «ser como quieres ser» y entras en un estado
de terquedad en el que de verdad crees que solo por ser
bueno la vida funcionará a tu favor.
Las personas con esa naturaleza viven en
resentimiento, creyendo que no tienen oportunidad alguna
pero que no desean entrar en el juego que les daría al menos
una oportunidad. En su mundo ideal, la justicia debería
prevalecer. En el mundo ideal de Juan, alguien más debería
darse cuenta de su gran potencial y promoverlo para obtener
lo que merece.
Muchos de esos jóvenes como Juan incluso se han
aliado en colectivos con los que otros que también están
fracasando se sienten identificados y vierten su coraje contra
todo aquel que tiene éxito. Ellos creen que el éxito tiene que
ver con el talento o el trabajo duro; pero décadas, siglos de
historia nos han enseñado que los talentos natos que triunfan
de forma orgánica son contados con una sola mano, y que el
mundo está lleno de historias de exitosos que se abrieron
camino a fuerza de inteligencia, buenas relaciones y
estrategias para llegar a una buena posición.