Fight Night: Michelle Yeoh y Cynthia Rothrock Explosivamente en *Yes, Madam!*
1985 fue un año que resonó en la historia del cine marcial; un año que no solo consolidó carreras, sino que también redefinió lo que significaba el combate en la pantalla grande. Yes, Madam! emergió de Hong Kong no solo como una simple película de acción, sino como el natalicio de dos titanes en el mundo marcial: Michelle Yeoh y Cynthia Rothrock. A través de esta obra, se inició una curiosa exploración de la fuerza femenina musculosa en un universo cuyo lienzo estuvo dominado, en su mayoría, por hombres.
Yeoh, con el ímpetu de una joven que aún buscaba su camino, irrumpió con gracejo pero con el fuego de una guerrera, dejando en claro que la acción y la belleza pueden coexistir sin detrimento mutuo. Rothrock, por su parte, aportaba la crudeza de un arte que, aunque estilizado, se fingía sostenido por el auténtico, el real. Aquí comienzan los enfrentamientos, más que físicos, auténticos choques culturales en un espacio donde el arte marcial no conoce género.
La trama de Yes, Madam! apenas se despliega en el prototipo común: el crimen y la venganza. Pero la película, a través de sus heroínas, cuestiona más que simplemente entregar a sus antagonistas, logrando retratar un desafío directo a una formulaica concepción sobre el heroísmo. Con cada golpe, los personajes de Yeoh y Rothrock desmontan no solo cuerpos, sino estereotipos. Cada escena de combate es un puñetazo a la cara de una narrativa que, durante demasiado tiempo, excluyó a las mujeres del protagonismo dinámico.
La esencia de su lucha va más allá del “chic” en la coreografía de combate; es un símbolo de resistencia, de digerir la histórica subalternidad de la mujer en el ámbito del film de acción. En su primera secuencia duramente coreografiada, ambas actrices no solo buscan vencer, sino también exhiben y articulan, de formas sutiles y menos sutiles, sus relaciones y rivalidades. Lo curioso es que, contrario a lo que podríamos pensar, su éxito no era solo parte de la crítica de género; era también un foco incandescente para los fanáticos del kung fu, cuya tradición abarca legados ancestrales.
Hubo algo magnetizante en sus interpretaciones; una atracción indudable para una audiencia que aún libraba conflictos de preconcebidas simplificaciones. Su popularidad allanó el camino, ofreciendo a nuevas generaciones un espejo donde verse. ¿Qué sería del cine de acción, si no hubiera sido por el destello vibrante de mujeres como Yeoh y Rothrock, que junto a su ahínco, cambiaron el rostro de un género muchas veces visto como exclusivamente masculino?
No se puede entender a Yes, Madam! sin considerear el impacto de su narrativa periférica. A menudo encuadrada como una simple pelea, está repleta de diálogos implícitos sobre el empoderamiento, los roles en crisis y las relaciones casi mitológicas que surgen entre heroes y villanos. Es un monumento que desafía a la resignación, tal como cualquier buena acción. Al final, aunque la epopeya y la acción muchas veces sean parte de un compendio heroico, al lado de grandes batallas nacen también revoluciones cinematográficas.
Conclusión
En conclusión, Yes, Madam! representa más que simplemente un catalizador para las brillantes trayectorias de Yeoh y Rothrock. Representa un grito urgente por la evolución del cinema en una época en la que las narrativas necesitaban expandirse a nuevos temas y héroes; es el claro ejemplo de que la acción no conoce límites, y que quienes la realizan tampoco deberían. Sin duda, estos dos talentos emergentes no solo conquistaron la escena del cine de acción, sino que también grabaron su legado en la historia del empoderamiento femenino, delineando una feroz reivindicación tanto en la historia del cine como en nuestro imaginario cinematográfico.
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