Estrategia · Carácter · Estilo Est. MMXXVI
Arte de la Guerra
Para hombres de acción
Capítulo 19 · El Arte de la Guerra contra Ojetes

Vivir con miedo

Jefes, parejas y superiores que te tienen a la defensiva. Agresivo, pasivo o asertivo: la forma en que pides decide si ganas o pierdes.

Osvaldo Flores
Osvaldo Flores
11 de octubre, 2026 · 10 min de lectura

Existen ojetes que nos someten con actitudes que nos obligan a estar a la expectativa, a la defensiva y sin paz mental.

Estas personas absorben nuestra energía y nos dejan a merced de pensamientos de incertidumbre.

En esta categoría de personas entran sobre todo jefes, parejas, superiores en el trabajo.

Existen personas con una tendencia natural a la manipulación, a percibirlo como alguien que puede ser dominado o manipulado.

Existen también personas que aprovechan esa pasividad para dominarlo con lenguaje pasivo-agresivo, una forma de manipulación que nos obliga a tratar de descifrar las verdaderas intenciones de la otra persona.

Ya he establecido la necesidad de evitar asociarse con personas que son tóxicas o inmaduras, pero hay ocasiones en las que no tenemos más remedio que trabajar o convivir con personas que carecen de la mínima noción de asertividad o incluso decencia básica o empatía.

Es fácil engancharse emocionalmente en las trampas pasivoagresivas de personas que desean tocar todas las combinaciones posibles de nuestro temperamento hasta que logran hacer que estallemos y nos evidenciemos como personas inmaduras, incapaces o sin carácter para soportar la presión.

La asertividad es algo de lo que casi no se habla en la niñez ni en la adolescencia, que es donde más falta hace, para enseñar al joven a comunicarse de forma efectiva y sana.

La asertividad podría ser definida como un punto medio entre la agresividad y la pasividad. Ya que los extremos jamás son buenos ni favorables para nuestras causas y propósitos, la asertividad es el lenguaje de la diplomacia y de la resolución de problemas entre personas.

La asertividad es la capacidad de resolver problemas aludiendo a la razón y a la negociación.

Es, en palabras de un gran maestro:

Hacer respetar mis derechos, sin menoscabar los derechos de los demás.

Imagínese el siguiente escenario: usted es un hombre ocupado que camina por la calle, con prisa.

De pronto, una persona en la calle choca con usted, hombro con hombro.

¿Qué haría un agresivo?

El agresivo reclamaría de forma abierta, aunque sea consciente que la otra persona no tuvo la culpa y que en realidad son accidentes o cosas que pasan. Un agresivo no mide los alcances de su furia, además de agresivo es una persona que no sabe controlar sus emociones, es capaz de pelearse con un extraño en la calle por algo sin importancia.

Las personas agresivas usualmente se sienten aludidas, sienten que los ataques son en su contra, posiblemente por escenarios de confrontación a los que han sido sometidas a lo largo de su vida.

La agresividad no es algo negativo per se, ya que es necesaria la agresividad para confrontaciones necesarias y nos proporciona fuerza y resiliencia ante las adversidades.

La agresividad desbordada, la que no se controla, mete en problemas a su portador.

Una persona agresiva no duda en hacer valer sus derechos, aunque esto le represente problemas más grandes. No tiene idea del tacto y usualmente, el reclamar sus derechos, le mete en problemas más graves.

Escenario 1. Juan Carlos

Juan Carlos se ha preparado para un ascenso.

Ha trabajado duro y algunos de sus compañeros le han dicho que es el candidato ideal.

Es convocado a una junta con toda la plantilla directiva y él se prepara para su gran momento. Durante la junta, el director de la empresa nombra a una compañera suya. Sin saberlo, Juan Carlos ha sido víctima de una conspiración que obró de manera solapada para desecharlo y para encumbrar a su compañera.

Juan Carlos podría maniobrar de muchas maneras para volver a enderezar su barco. Podría quedarse callado, escuchar y planear su revancha o su justa coronación.

Pero no.

Juan Carlos se levanta en medio de la junta y comienza a cuestionar la naturaleza del ascenso de su amiga, da argumentos atropellados y emocionales acerca de su capacidad para el puesto y argumenta que él es el candidato ideal. Al ver que nadie le hace caso, insinúa que su compañera ha logrado ese puesto por hacer favores sexuales al director de la empresa.

Ese es su fin.

Esa declaración es cierta. Pero su agresividad y sus tripas le dijeron que lo escupiera.

Es despedido por acoso, Recursos Humanos no considera un chiste ventilar la sexualidad de los empleados y, menos aún, acusaciones que no tienen fundamento, ya que Juan Carlos no tiene pruebas y todo es parte de rumores en la oficina, pero es un secreto a voces y ahora, aunque fuera cierto, el haberlo ventilado de esa manera le resta credibilidad.

Ahora no solo no tiene el puesto soñado. Ahora está desempleado.

Desechado. Como si hubiera sido plan de alguien más. A veces no es así, el agresivo se procura a sí mismo todo ese mal, pero a veces, forma parte de un plan hecho por alguien en la sombra. Es posible que el plan ni siquiera provenga de la compañera ascendida.

Pero ya no importa: Juan Carlos firmó su finiquito ayer.

Escenario 2. Fabiola

Fabiola lleva seis años trabajando por el mismo sueldo.

En muchas ocasiones ha detectado que la empresa no valora su trabajo. Le asignan actividades que incluso están fuera de su descripción de trabajo. Hay ocasiones en las que lleva trabajo a casa para adelantar y probar su valía. Es la primera que llega y la última que se va, pero el ansiado ascenso o el aumento no llega.

Ella ha visto que hay compañeros que han ascendido en este tiempo. Ella llora de furia por considerar que esas personas son sólo lambiscones, lamebotas que están en todas las fiestas de la compañía.

Fabiola no es capaz de hablar con su superior acerca de un aumento, ya que en el momento en el que comienza a discutir, llora de forma involuntaria. Hay algún mecanismo profundo en su cerebro que asocia la idea de la discusión a la infelicidad y la desgracia. No puede hilar dos frases seguidas cuando ya están escurriendo lágrimas de sus mejillas.

Lo más trágico es que nadie sabe y a nadie le importa lo que pasa con Fabiola pues hace un trabajo tan eficaz que nadie lo nota. Recuerde la última vez que pensó en su refrigerador de última generación o en su sistema de drenaje anticuado: mientras las cosas funcionan de manera decente, nadie las nota.

Fabiola pertenece a ese grupo de personas que prefiere renunciar antes de hacer valer sus derechos. Es de esas personas que publica en redes de forma orgullosa que renunciará.

Lo más trágico es que la empresa considera al jefe de Fabiola como la persona más capaz de la empresa; obviamente, se lleva el crédito de lo que hace Fabiola y en general es un paleto que ha logrado colarse en el mundo corporativo a base de carisma y respuestas rápidas e ingeniosas. La historia de toda la vida: gente llevándose el crédito por el trabajo de personas que no saben promocionarse, no tienen idea de la visibilización en las relaciones públicas y que pasan gran parte de su vida lamentándose por su mala suerte.

Fabiola sufre de acoso sexual por parte de un compañero asqueroso, pero Fabiola no se defiende por temor a que la perciban como una persona “conflictiva”.

Escenario 3. Tania

Tania es una persona asertiva. Trabaja para un hombre que vende y compra autos.

Tania ha aprendido todo lo que se puede aprender de la venta y compra de autos usados. Ha entendido el mercado y las mañas que llevan a su jefe a ser un hombre exitoso.

Tania entra a la hora que quiere y se va cuando el trabajo está terminado. La única vez que su jefe le dijo «cariño» ella indicó claramente que le llamaran por su nombre. Su jefe la respeta por eso y jamás ha tenido avances románticos con ella. Tania ha determinado de forma asertiva que está ahí para trabajar y avanzar.

Después de un año, Tania expuso de forma clara los motivos por los que quería un ascenso: jamás mencionó su necesidad o sus deseos. Lo que sí hizo fue enumerar la cantidad de ventas que había logrado gracias a su aprendizaje del negocio. Ella puso un ultimátum claro: si a su jefe no le era posible darle un aumento o comisionarla al área de ventas, ella se iría sin mirar atrás. Fin.


Las personas asertivas buscan alternativas antes de arrinconarse en situaciones de las que es difícil salir.

La asertividad consiste en el simple y a la vez difícil arte de decir en voz alta lo que deseamos con claridad y nuestra capacidad para negociarlo o rechazarlo si no nos es conveniente.

Cuando tratamos con personas agresivas, coléricas, es probable que a muchas de ellas les guste ponerse en una “posición desesperada”, es decir: podrían arrinconarse en una batalla que no podrán ganar, pero deciden morir peleando.

El pasivo ni siquiera entabla pelea, su visión de la vida es que simplemente es justa y que entrar en batalla es un suicidio anticipado. El pasivo piensa de forma excesiva escenarios que jamás llegarán a pasar. Se mortifica por cosas que no pasan y que es posible que jamás lleguen a suceder.

El agresivo no lo piensa. Antepone sus derechos que son sagrados a la mínima idea de diplomacia o negociación.

Cómo preparar el terreno

No siempre se gana, pero podemos preparar escenarios para que los resultados nos sean más favorables.

Deje de pensar en exceso

Lo que va a pasar, pasará.

Usted puede darle un empujón en dirección a usted si templa su carácter y se decide a hacer un movimiento, en vez de esperar a que las cosas simplemente pasen o se resuelvan.

Hable de forma clara. No asuma, no interprete, no malentienda. Pregunte:

Evite a toda costa preguntar por sus deseos:

Por el contrario, negociar imponiendo si usted no tiene el control de la negociación, solo le hará ver agresivo y nada negociador.

«Señor González, merezco un aumento porque he trabajado mucho» tampoco le favorece.

En muchas ocasiones nos domina un muy racional y justificado miedo a la pérdida. Tenemos miedo de ser demasiado agresivos y perder.

Considere esto:

Si usted se considera con el derecho de tener aquello que otros tienen y que están en sus posibilidades de darle, hable claramente y con razones claras, pero recuerde:

Nadie obra por razones ajenas, las personas reaccionarán solo a sus deseos y propósitos.

Las peticiones que comienzan con «tengo derecho a» o «lo merezco» caen continuamente en oídos sordos.

Las peticiones que comienzan con «ojalá me pudiera atender» o «no le quitaré el tiempo» son desdeñadas y están muertas antes de nacer.

Las peticiones del estilo de «aquí enumero cuáles son las razones productivas que hicieron de este nuestro mejor semestre y por las cuales solicito un aumento de inmediato» son escuchadas.

Ya hablaremos más adelante de la negociación y la persuasión como herramienta de ayuda para la asertividad.

Osvaldo Flores
Sobre el autor

Osvaldo Flores

Autor de la Trilogía de la Guerra y de ocho libros sobre asertividad, persuasión, defensa personal y liderazgo. Escribe para hombres que ya se cansaron de quedarse callados.

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